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Médico Escolar  

LA TAREA DEL MÉDICO ESCOLAR EN LA ESCUELA WALDORF

         

 

Presentación      

                                                   

Actualmente se observa un aumento de escolares que presentan problemas de salud o enfermedades y que necesitan de asistencia médica, psicológica o incluso neuropsiquiátrica. Resulta llamativo cómo esta fase de la vida está perdiendo su cualidad más significativa ya que por sus características es la más saludable. A la vista está como esta realidad se refleja en el proceso de aprendizaje ocasionando serios problemas a los escolares, los maestros, las familias y de paso a todas las instituciones relacionadas con la enseñanza. Probablemente el problema más notorio y sangrante es el fracaso escolar.

 

Desde todos los sectores implicados se analiza esta realidad y se buscan soluciones. En general estas soluciones se basan en hacer parcelaciones en  la vida del niño, encargándose cada profesional del ámbito de su conocimiento. Así el pediatra se ocupa de la salud física, el psicólogo de la conducta o comportamiento, cuando no hay que recurrir a especialistas como el neuropsiquiatra u otras terapias. El niño comienza así un recorrido por diferentes profesionales especialistas y cada uno recomienda su tratamiento con el objetivo que el niño mejore y se normalice en su proceso de aprendizaje. Esta tendencia no está dando los resultados deseables, ya que los niños están cada vez más medicados y agotados con tantos tratamientos y terapias. En este contexto se hace hincapié en la necesidad de un enfoque interdisciplinar cuyo objetivo esté centrado en la integridad indivisible y en el desarrollo del niño, entendido este como él resultante de la interacción entre lo anímico-espiritual, de una parte, y lo físico-vital de la otra. 

 

En este campo, una vez más, nos damos cuenta de lo acertado de las propuestas de Rudolf Steiner, quién justamente hace 90 años, creó una nueva pedagogía higiénico-terapéutica para esta época de la humanidad. Época caracterizada por una necesidad cada vez mayor de terapias, particularmente en los niños. Dicha pedagogía, conocida mundialmente como pedagogía Waldorf, coloca al médico y al terapeuta al lado del maestro, en una colaboración interdisciplinar.

 

 

“Fue  en tiempos remotos

cuando vivía en las almas iniciadas

fuertemente arraigada la idea  de que la enfermedad

era inherente a la naturaleza del hombre.

Y la educación era contemplada

como un  proceso sanador,

que simultáneamente con la madurez

 la salud al niño proporcionaba

para completar la  plenitud humana de la vida.”

 

Rudolf Steiner

Médico escolar

En la conferencia de maestros  de la Escuela Waldorf de Stuttgart, el 16 de enero de 1921, habló Rudolf  Steiner de la tarea del médico escolar en la escuela Waldorf:   "El médico escolar, que según mi idea tendría que estar aquí, tendría que conocer y tener muy presente a todos los niños, básicamente no tendría porque tener una clase especial, sino ocuparse de los niños de todas las clases, como sea necesario, para saber del estado de salud de todos los niños". (Rudolf  Steiner, Conferencias con los maestros de las Escuelas Waldorf de 1919 a 1924. GA 300a). Esta manifestación de Rudolf Steiner constituye el inicio de una nueva especialidad como medicina escolar en el campo del actuar médico.

 

 Este deseo formulado por Rudolf  Steiner hace más de 90 años, se ha hecho realidad con el tiempo no solo en las escuelas Waldorf, sino en la mayoría de los sistemas pedagógicos. En la actualidad se contempla la medicina escolar como una colaboración necesaria para conocer el estado de salud de los escolares. Esta tarea se concreta en los reconocimientos escolares y en los  controles médicos periódicos que realizan los médicos en la mayoría de las escuelas.

 

Con toda seguridad la intención de Rudolf Steiner no era solo considerar la salud del  escolar desde el punto de vista,  hoy día generalizado, perceptible-ponderal  (al escolar se le examina físicamente, se le pesa, se le mide, se exploran los sentidos etc.). La antropología antroposófica nos ofrece una imagen del niño ampliada (además de la dimensión corporal hay que considerar la dimensión anímica y espiritual)  en un proceso evolutivo diferenciado según las distintas etapas de la vida.  Esta imagen ampliada nos ofrece la posibilidad de ver el estado de salud del escolar no solo físico-ponderalmente sino también en una perspectiva temporal y en su interacción con todas las circunstancias del escolar: familiares, medio ambientales y pedagógicas. Mencionar por su importancia básica el conocimiento que nos ofrece la antropología antroposófica de la ley de metamorfosis de las fuerzas de regeneración y crecimiento en fuerzas de pensar (Dibujo de la parte derecha).  Es decir, las fuerzas con las que aprende el niño (flechas de la parte superior en el dibujo), o con las que piensa el hombre normalmente, son las fuerzas de crecimiento (flechas de la parte inferior del dibujo) que en el curso de la vida se liberan de la actividad corporal para transformarse en fuerzas de pensar. Este principio ofrece al maestro y al médico la posibilidad de actuar conjuntamente para mantener en equilibrio el desarrollo corporal y las facultades de aprendizaje.

 

Este solo ejemplo de la metamorfosis o transformación de las fuerzas etérica nos puede ilustrar la tarea común del maestro y del médico para con el escolar. En la medida que el médico con sus indicaciones cuida y fortalece las fuerzas de crecimiento (flechas de la parte inferior del dibujo), más favorecido se ve el niño y el maestro en el proceso de aprendizaje; mientras que el maestro al saber conducir salutogenética y artísticamente estas fuerzas (flechas de la parte superior en el dibujo) hacia el aprendizaje está revirtiendo positivamente en las fuerzas de  crecimiento, y en definitiva en la  promoción y mejora de la salud del escolar. Además el médico escolar debe apoyar al maestro, y de paso al niño, para que su metodología sea higiénica. En este sentido son numerosos los estudios que revelan como la metodología Waldorf es un factor de prevención y salutogenético. El maestro, por la otra parte, debe observar desequilibrios o unilateralidades en el escolar, se podría decir que hace como una observación diagnóstica,  que después debe intentar equilibrar pedagógicamente y también con la colaboración del médico escolar si es necesario. De esta manera se produce una colaboración recíproca e interdisciplinar entre el maestro y el médico siempre en beneficio de la salud y el desarrollo integral del niño.     

 

Peculiaridades de la medina escolar

Preguntémonos ahora cuáles son las señas de identidad de esta nueva especialidad médica inaugurada por Rudolf Steiner como medicina escolar. Podemos presentarla de acuerdo a tres características representativas:

 

Se puede decir que la primera característica de la medicina escolar tiene que ver con la visión salutogenética del desarrollo del niño. El médico escolar observa y valora al escolar desde la perspectiva de los aspectos saludables generales correspondientes a su edad y cómo están presentes de una forma particular en cada uno ellos. Esto no excluye que también se ocupe de los niños que presentan alguna enfermedad, pero en este contexto su actividad médica principal tiene que ver con la pregunta ¿Qué apoyo necesita este escolar para que tenga una salud, madurez y un desarrollo acorde con su edad y circunstancias? Un ejemplo puede hacer ver mejor este objetivo. En los escolares son frecuentes cuadros de dolores abdominales que se alternan a veces con cefaleas. Estos síntomas ocasionan perdida de días lectivos,  pero en la mayoría de los casos no son causados por enfermedades físicas, a pesar que normalmente requieren bastantes pruebas médicas para descartar patologías orgánicas. Este escolar nos está pidiendo que le ayudemos a madurar y fortalecerse en su proceso metabólico y digestivo, para ello se puede hablar con su pediatra y que recomiende preparados que contengan hierro homeopático, especialmente Ferrum muriaticum, y en pocas semanas estos síntomas desaparecen recuperando su salud.

 

El médico escolar tiene que tener en primer lugar una formación académica, aunque no hace falta que tenga la especialidad de pediatría. De esta manera puede valorar y diagnosticar al niño en su estado de salud física. Además en su formación necesita una ampliación con los conocimientos antroposóficos del hombre; por ejemplo, estudio de los miembros constitutivos, temperamentos, trimembración, organización sensorial,  fases evolutivas. Con ellos el médico puede realizar un diagnóstico integrativo de la situación y del momento del niño. En la Sección Médica en el Goetheanum existen unos criterios internacionales y un programa para la formación de médicos escolares. En castellano también está la Web www.medicosescolares.com.ar    

 

 La segunda se refiere al lugar donde el médico lleva a cabo su labor. Normalmente el médico realiza sus funciones en las consultas médicas, centros de salud u hospitales, es decir, centros relacionados directamente con el trato de enfermos. Sin embargo, el médico escolar centra su labor profesional en los centros de enseñanza o escuelas. Esto quiere decir que el médico escolar tiene que ver su función en un marco no asistencial y por lo tanto tiene que realizarla y presentarse ante el niño de una manera diferente a como la hace el pediatra en una consulta normal u hospital. Normalmente la fase escolar es la más saludable en la vida y el niño que en el colegio es estudiado médicamente no tiene la sensación de estar enfermo. Por ello el médico tiene que  preguntar, hablar o explorar al escolar, no como si estuviera enfermo, sino debe percibirle y sentirle como un “amigo”, porque sabe interpretarle en sus manifestaciones y circunstancias.  La experiencia es justamente esta, y así cuando el niño visita el despacho del médico escolar no se siente intimidado y temeroso ante el médico, sino más bien pregunta, por ejemplo, para qué sirve el fonendoscopio y enseguida quiere que se le pese, mida o se le practiquen otras exploraciones.

Desde el punto de vista personal y en relación a  cómo el médico escolar tiene que ejercer su función en este marco,  pienso, por ejemplo, que es importante no utilizar bata blanca para que el niño no le asocie al pediatra normal. Igualmente para facilitar la interacción positiva empleo una caracola que les muestro y se la pongo al oído para que la oigan. De esta forma me acerco al niño con un objeto bello, que despierta su interés y así la consulta causa una experiencia positiva que no olvidará. En sucesivas revisiones médicas el niño siempre recordará esta caracola y querrá encantado volver al despacho del médico. En todas las visitas que realizo a diferentes colegios Waldorf como médico escolar siempre me acompaña esta bonita caracola y nada mas que se las muestro a los niños enseguida quieren venir y ser así observados.     

 

La tercera característica tiene que ver con la colaboración, ya que las observaciones médico-escolares que realiza el médico escolar tienen el objetivo de facilitar y mejorar el proceso de aprendizaje de los alumnos. Cuando el médico posibilita el proceso de aprendizaje está realizando a su vez una función sanitaria de  prevención al dinamizar la maduración y evolución de los niños. Por ello el médico que trabaja en una escuela Waldorf (médico escolar) observa conjuntamente con el cuerpo docente el desarrollo del niño, de acuerdo a los antes mencionados criterios antropológicos de Rudolf Steiner. De esta forma se observan unilateralidades, desequilibrios, hipersensibilidades u otras peculiaridades que perjudican al niño, la clase, la relación maestro-niño, o bien la relación entre maestro-niño-clase, sin que este desequilibrio signifique que el niño pueda ser considerado como enfermo y que por lo tanto necesite medicamentos. Más bien, de acuerdo con los padres, se aplicarán terapias, que tendrán un objetivo preventivo para ayudar al niño a vencer sus dificultades evitando enfermedades futuras.

 

Este aspecto implica un trabajo en equipo o interdisciplinar entre el médico y los maestros y cuyo objetivo es el conocimiento ampliado del alumno, ampliación que es posible realizar gracias a la antropología antroposófica. Dicha labor se lleva a cabo en las reuniones donde se realizan las observaciones de los alumnos conjuntamente por los diferentes profesores y el médico y en las que se pretende elaborar una imagen del alumno estudiado.

 

Un ejemplo de esta colaboración son las pruebas de madurez escolar. El paso del jardín de infancia a primaria es un momento importante en la vida del escolar, sobre todo porque presupone una madurez para los nuevos requerimientos en el proceso de aprendizaje. Hoy día este paso no es tenido para nada en cuenta y los niños empiezan la etapa escolar sin tener aun desarrolladas las capacidades necesarias. Es un rasgo más de los tiempos actuales donde todo se hace precozmente. Como indican ciertos estudios esta precocidad en la escolarización es la causa más importante del fracaso escolar que aparece alrededor de los 10 años. El estudio evolutivo que hace la antropología antroposófica de este momento, señala que se produce una metamorfosis de las fuerzas de crecimiento en capacidades cognitivas. Este cambio ocurre alrededor de los 7 años y exteriormente se manifiesta en la aparición de los dientes definitivos. Pues bien, su evolución y valoración, que supone la madurez escolar, es una tarea que realizan conjuntamente el maestro y el médico.  

 

 

Labor y funciones del médico escolar

Estos principios generales se concretan en una labor que el médico escolar lleva a cabo en los colegios:

 

Ø      Reconocimientos médicos generales, cuando los niños se incorporan al colegio, en la 1ª clase y la 4ª clase. En estos reconocimientos se valora el estado de salud y se toman una serie de parámetros que permiten hacerse una imagen del niño desde la dimensión corporal, en el momento de la exploración y en su evolución al valorarlos en reconocimientos posteriores.

Ø      Observación ampliada del escolar. Se observan las manifestaciones del niño y se busca relacionarlas con aspectos como la constitución (niño de cabeza grande o pequeña), el temperamento (melancólico, flemático, sanguíneo o colérico), la edad, el septenio etc. Además se analizan las circunstancias familiares y sociales. Con todo se llega a una imagen de ese niño y se concluye si su estado integral de salud se explica por estos factores o hay que seguir investigando en este niño.

Ø      Las mencionadas pruebas de madurez escolar.

Ø      El caso particular de un niño que el maestro considere de atención especial médica debe ser un motivo para el trabajo conjunto  (maestros, euritmista, médico etc.). La observación conjunta de la situación especial desde los distintos puntos de vista nos ofrecerá la posibilidad de encontrar  ayudas para él.

Ø      Naturalmente los trastornos del aprendizaje, por ejemplo, en la escritura, lectura (dislexia), y cálculo deben ser valorados también desde la perspectiva médica.

Ø      Problemas de lateralidad, el niño zurdo, el niño difícil, nervioso, inquieto, ansioso o triste pueden requerir también unas consideraciones y atención especiales.

Ø      La alimentación en la etapa escolar. 

Ø      El escolar y los medios audiovisuales.

Ø      Importante es también el estudio conjunto con los maestros, de las bases científico-espirituales del desarrollo del hombre en sus primeras fases.

Ø      Por ultimo habría que considerar la posibilidad de charlas para padres sobre temas de la salud del escolar.

 

Plasencia, agosto 2012

Florencio Herrero

Médico escolar

fherrero@instituohygiea.com

 


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